Si en Ensayo sobre la ceguera José Saramago sumergió a los lectores en la degradación física y moral de una sociedad que perdía la vista, en su secuela espiritual, Ensayo sobre la lucidez (2004), obliga a mirar de frente al abismo del sistema político. La premisa es tan sencilla como aterradora para el poder: en una jornada electoral ordinaria, el 83% de los ciudadanos de una capital sin nombre decide votar en blanco. No hay violencia, no hay pancartas, no hay líderes. Solo un silencio masivo que el gobierno es incapaz de digerir.
La novela no se centra en los votantes, sino en la reacción paranoica del Estado. Saramago retrata a un gobierno que, sintiéndose despojado de su legitimidad, responde con autoritarismo: estado de sitio, retirada de la policía y orquestación de atentados para culpar a la población. El autor portugués utiliza su característico estilo de párrafos densos y diálogos fundidos en la narración para crear una atmósfera claustrofóbica donde la "lucidez" del pueblo es castigada como si fuera la peor de las traiciones.
Es fascinante cómo Saramago conecta ambas novelas, porque lo que comienza como una relación de personajes termina siendo un puente temático sobre la responsabilidad moral. Aunque la trama ocurre cuatro años después de la "ceguera blanca", el pasado regresa para cobrar una factura política a través de tres pilares fundamentales:
El regreso de la Mujer del Médico: El personaje central que une ambas historias es la mujer del médico. En el primer libro, ella era la única que conservaba la visión, convirtiéndose en la guía del grupo. En esta entrega, el Gobierno, desesperado por encontrar una explicación conspirativa al voto en blanco, decide investigar a los sobrevivientes de la epidemia. El Estado necesita un "cabecilla" y sospecha que aquella mujer que nunca perdió la vista es la líder de la célula revolucionaria que instigó el voto masivo.
El Grupo de los Siete: Reaparecen el médico y otros personajes que sobrevivieron al confinamiento en el manicomio. Sin embargo, el tono ha mutado: si en Ceguera eran una unidad de supervivencia frente al caos físico, en Lucidez son víctimas de una persecución política. El gobierno utiliza sus historiales médicos y personales para intentar construir un caso de sedición artificial.
El Comisario como puente ético: Aparece un nuevo personaje fundamental, un Comisario de policía encargado de investigar a la mujer del médico. Su figura representa la transición del lector: comienza como un brazo ejecutor del Estado represor, pero al conocer la integridad de los investigados, sufre su propia "iluminación". La conexión es simbólica: el Comisario pasa de la ceguera ideológica a la lucidez moral a través del contacto con los protagonistas del pasado.
Ensayo sobre la lucidez es una obra incómoda y necesaria. Es una advertencia sobre cómo las instituciones, creadas para servir al ciudadano, pueden volverse contra él cuando este decide, simplemente, dejar de participar en el simulacro. Saramago no ofrece soluciones masticadas, sino que arroja una pregunta inquietante al aire: ¿Qué es más peligroso para el poder, una sociedad que no ve o una sociedad que decide ver demasiado?
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