El concierto que Rosalía ofreció en el Palau Sant Jordi el lunes permitió reflexionar sobre el Proyecto Rosalía, una monumental operación de márketing que ha llevado a la cantante a convertirse en la estrella mundial del momento. Desde sus inicios como cantante aflamencada en garitos de Barcelona hasta su consagración como artista internacional, Rosalía ha demostrado una habilidad única para crear y mantener una imagen y un estilo que la distinguen de otros artistas.
El Proyecto Rosalía no se fraguó en despachos de la industria musical ni en reservados de restaurantes de lujo, sino que tomó cuerpo en escuelas y tugurios de barrio, desde la base hasta su eclosión en templos de la música popular. Este exitoso proyecto de marketing no fue creado por ninguna consultoría, sino que es el resultado de la persona física Rosalía Vila Tobella, de nombre artístico Rosalía. La diferencia con otros productos de márketing es que el de Rosalía no se basa en el análisis y procesamiento de experiencias previas, sino que anticipa lo que está por venir, y lo hace desde un atrevimiento que raya en el descaro.
El proyecto de Rosalía se podría resumir en la siguiente declaración de principios: "Lee, pregunta, escucha, estudia, investiga, lee aún más, profundiza, aprende, diviértete aprendiendo, diviértete sin dejar de estudiar pero, al final, decide lo que creas más conveniente en tu trabajo sin pedir permiso ni obsesionarte con lo que opinarán los demás. Y lee más". Esta filosofía se refleja en la música y los conciertos de Rosalía, que combinan la tradición con la innovación y la experimentación.
En tiempos en que la inteligencia artificial nos hace la vida más fácil, Rosalía ha optado por lo difícil. En lugar de aferrarse al éxito de su disco y gira anterior, ha decidido dar el salto al vacío y crear algo nuevo y personal, como su disco Lux. Los conciertos que está ofreciendo estos días evidencian esta actitud de saludable insolencia, en abierto desafío a las tendencias en boga. Rosalía se rodea de músicos de carne y hueso y los ensambla con bases electrónicas pregrabadas, lo que muestra su conocimiento profundo de las posibilidades de la tecnología al servicio de la música.
La orquesta que acompaña a Rosalía es un ejemplo de esta actitud, ya que está allí para lo que tengan a bien solicitarle, a la antigua usanza. Los músicos pueden acompañar una pieza clásica, reguetón, flamenco, canción intimista o los ritmos frenéticos de una rave, lo que crea una experiencia sensorial gratificante. En un mismo espectáculo, Rosalía integra formatos teatrales, coreográficos y televisivos, siempre al servicio de la música.
El márketing de Rosalía incorpora conceptos que hoy suenan tan rancios como la cultura del esfuerzo, la importancia de la lectura o el aprendizaje infinito. Sin embargo, es precisamente este enfoque lo que hace que su proyecto sea tan revolucionario y exitoso. Rosalía es un ejemplo de cómo la dedicación y la pasión pueden llevar a alguien a convertirse en una estrella mundial, y su legado es un recordatorio de la importancia de la creatividad y la innovación en la música y el arte.