La sala capitular del monasterio de Santa María de Sijena, ubicada en la provincia de Huesca, es considerada una de las obras maestras del arte hispánico. La descripción de Manuel Castiñeiras, catedrático en la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en arte románico, nos transporta a una época en la que la sala era un verdadero espectáculo cromático y pictórico. La luz que entraba desde la parte occidental producía efectos muy bonitos, y el Nuevo Testamento se veía más luminoso que el Antiguo, siguiendo el arquetipo de la Edad Media.
Sin embargo, en julio de 1936, un incendio destruyó por completo las cubiertas de madera y más de la mitad de las pinturas que decoraban los muros y los arcos. Las que sobrevivieron se transformaron químicamente por efecto del fuego y perdieron para siempre sus vivas tonalidades. Albert Velasco, medievalista y experto en arte románico, lamenta que no podamos hacernos una idea del espectáculo cromático y pictórico que era aquello. La pérdida de la policromía original es irreparable, y solo quedan los tonos ocres, grises y marrones que se pueden observar en la sala 16 del Museo Nacional de Arte de Cataluña.
La experiencia del espectador que visita el museo es muy diferente a la que debió ser en su época. La sala capitular del monasterio de Sijena estaba diseñada para evocar los santos lugares, y su poder de evocación era único en la Europa del momento. Sin embargo, la pérdida de la policromía original y la transformación química de los pigmentos han cambiado la experiencia visual de la obra maestra.
La restauración de las pinturas de Sijena es un tema de debate entre los expertos. Algunos consideran que la pérdida de la policromía original es irreparable, y que solo queda un vestigio de la obra maestra original. Sin embargo, otros expertos, como Manuel Castiñeiras, consideran que la esencia de la obra maestra sigue siendo la misma, y que la experiencia visual puede ser reconstruida a través de la imaginación y el conocimiento de la historia que hay detrás.
El caso de Sijena apunta a un debate clásico en la historia del arte: si una obra maestra sufre una profunda transformación, ¿deja de tener esa condición? La respuesta no es fácil, pero los expertos coinciden en que, mientras quede algo, la obra maestra sigue siendo una obra maestra. El ejemplo del Partenón de Atenas, que ha perdido gran parte de su estructura original, es un caso claro de que la esencia de una obra maestra puede pervivir a pesar de las transformaciones.
La sala capitular del monasterio de Sijena es una de las obras maestras del arte hispánico, y su importancia no se reduce a su valor artístico. La historia de Sijena es un ejemplo de la complejidad y la riqueza de la cultura medieval, y su estudio puede arrojar luz sobre la evolución del arte y la arquitectura en la Edad Media. La experiencia visual de la obra maestra puede ser reconstruida a través de la imaginación y el conocimiento de la historia que hay detrás, y su esencia sigue siendo la misma a pesar de las transformaciones.
En resumen, la sala capitular del monasterio de Sijena es una obra maestra del arte hispánico que sigue siendo un enigma después de un incendio devastador en 1936. La pérdida de la policromía original es irreparable, pero la esencia de la obra maestra sigue siendo la misma. El caso de Sijena apunta a un debate clásico en la historia del arte, y su importancia no se reduce a su valor artístico, sino que también es un ejemplo de la complejidad y la riqueza de la cultura medieval.