Cornelia Funke, la autora alemana de 67 años, recibe a los medios de comunicación pocas horas antes de reencontrarse con sus lectores en la Feria del Libro de Madrid. Con una energía intacta y una pasión por la literatura, Funke habla sobre su regreso al Mundo de Tinta, la saga que la convirtió en un fenómeno internacional con más de 26 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. La serie, que comenzó con Corazón de tinta, sigue siendo una de las más queridas por los lectores jóvenes y adultos por igual.
La publicación de Venganza de tinta, la cuarta entrega de la serie, es algo contraintuitivo en el mundo literario, ya que la trilogía original parecía haber llegado a su fin con Muerte de tinta en 2007. Sin embargo, Funke explica que el detonante para regresar al Mundo de Tinta surgió de una pregunta que se hizo a sí misma sobre el poder de las imágenes y las palabras en un universo construido a partir de la literatura. Esta reflexión se sumó a otras ideas que había estado arrastrando durante años, como explorar la amistad entre el Príncipe Negro y Dedo Polvoriento, o recuperar a Orfeo, uno de los personajes más complejos de la saga.
La autora reconoce que el regreso no estuvo exento de miedo, pero la historia insistía en ser contada. La importancia de Corazón de tinta dentro de la literatura juvenil contemporánea es difícil de exagerar, ya que ha sido traducida a 50 idiomas y ha acompañado a una generación de lectores que encontró en ella una celebración de los libros, la imaginación y el poder de las historias.
En las novelas de Funke, leer nunca es una actividad pasiva, implica transformar la realidad. La premisa de Corazón de tinta, que consiste en la posibilidad de leer en voz alta y traer personajes de los libros al mundo real, siempre ha estado acompañada de una reflexión sobre la relación entre los lectores y la ficción. Funke sigue convencida de que los libros conservan ese poder, y que los lectores buscan en las historias algo más que entretenimiento: buscan esperanza, refugio y orientación.
La autora también cree que las historias pueden ser más necesarias ahora que hace 20 años, ya que los libros conservan recuerdos y nos devuelven a lugares emocionales que habíamos olvidado. Los lectores le reconocen que han cambiado, como los personajes, y que la propia autora tampoco es la misma persona que escribió Corazón de tinta. La transformación es un proceso natural, y Funke bromea diciendo que sería triste atravesar la vida sin transformarse.
El regreso al Mundo de Tinta se produce en un momento marcado por la expansión de la inteligencia artificial y el debate sobre el futuro de la creación artística. Funke observa este fenómeno con escepticismo, y se pregunta por qué queremos aplicar la inteligencia artificial al arte, que es una expresión profundamente humana. La escritora sospecha que detrás de muchas iniciativas existe una lógica puramente económica, y denuncia que estamos dispuestos a sacrificar incluso la expresión artística en nombre de la eficiencia y el beneficio.
La preocupación de Funke conecta directamente con uno de los temas centrales de Venganza de tinta: el poder de las palabras para modificar la realidad. En una época marcada por la desinformación y las noticias falsas, la autora destaca la importancia de la imaginación y la creatividad para imaginar futuros mejores. La capacidad de imaginar alternativas positivas es fundamental, y Funke afirma que somos muy buenos imaginando apocalipsis y muy malos imaginando utopías.
En conclusión, el regreso de Cornelia Funke al Mundo de Tinta con Venganza de tinta es un acontecimiento importante en el mundo literario. La autora vuelve a la saga que la convirtió en un fenómeno internacional con una nueva entrega que explora el poder de las palabras y la imaginación. Con una reflexión profunda sobre la relación entre la literatura y la tecnología, Funke nos recuerda la importancia de la creatividad y la imaginación en un mundo cada vez más dominado por la inteligencia artificial.